NUESTRO PARTO III

  El tiempo en la bañera pasó rapidísimo, después del parto, lo que yo pensé que habrían sido unos 15 minutos de estar en el agua, me confirmó mikhal que habían sido más de dos horas. Cuando los dolores ya fueron insoportables empecé a repetir “no puedo, no puedo, no voy a poder…” y mikhal me decía “pues claro que vas a poder” (aclaro que el no puedo me refería a parir sin epidural, por supuesto jamás me vi incapaz de dar a luz a mi pequeña, de una manera o de otra) y yo en cada descanso entre contracciones decía, “venga, a ver qué tal aguanto la siguiente y si no pido la epidural”, y en la siguiente contracción creía que me moría.

Y ya miré a la matrona y le pedí otro tacto, y le dije que seguramente iba a necesitar la epidural porque necesitaba descansar, ella me dijo que lo estaba haciendo muy bien y que si la necesitaba, adelante, me hizo el tacto y me dijo que aún estaba de 7 cm, que mi hija tenía prisa y que iba ella más adelantada que yo, que estaba presionando mucho con la cabeza pero yo no dilataba a su ritmo y por eso me estaba doliendo tanto, y yo le dije que en ese caso necesitaba descansar, porque al ritmo que iba esos 3 cm que faltaban iban a ser eternos, así que lo dispuso todo para que saliera de la bañera, me trajo un albornoz, me ayudaron entre ella y elpadremuyprimo a salir, a secarme y ponerme un camisón limpio y volví a la cama a pasar las contracciones a 4 patas en lo que avisaba a los anestesistas y venían…

A estas alturas serían como las 9 de la mañana más o menos, llegaron los anestesistas y ¡al lío! Fue mucho más llevadero de lo que me pensaba, creo que dije algo tipo que quería haber evitado la epi pero que no podía más, y me dijeron que me habían puesto la dosis más pequeña posible para que yo pudiera seguir participando activamente de mi parto, que si en 10 minutos no notaba mejoría avisara y me la subían… en 10 minutos ya notaba toda la zona de “los bajos” dormida, pero podía seguir moviendo las piernas perfectamente, las contracciones se me espaciaron cosa de 5 minutos y dolían menos, en seguida volvieron a doler igual que antes, aunque al estar tan espaciadas lo llevaba mucho mejor… aun así, la matrona al ver que seguían siendo muy dolorosas me dijo que iba a llamar a los anestesistas para que me subieran la dosis, les llamó, aun así me dijo, a ver, empuja un poco a ver que nota,s y yo lo que noté fue un alivio tremendo, así que me pidió hacer otro tacto y me dijo estás de 10 cm así que ¡¡nada de epidural! La poca dosis que me pusieron había ayudado a que me relajara y terminara de dilatar lo que me quedaba en poco rato. Llegaron los anestesistas y les dijo que no hacían falta ya, que se fueran.

Durante todo este proceso, la matrona había llamado a Begoña, mi ginecóloga, la cual, ya se había ido a casa, incluso había llegado, pero al saber que yo ya estaba a punto, volvió corriendo al hospital y llegó justo cuando Anne Sophie estaba acabando el tacto, le preguntó “¿me da tiempo a cambiarme?” (claro, llegaba vestida de calle) y la matrona le dijo que sí, se fue corriendo a cambiarse y volvió, para entonces yo ya había empezado con los pujos, y estaba de lado, con la pierna en el hombro de mikhal, ella me propuso otra postura, boca arriba pero con el coxis al aire, con la parte delantera de la camilla bajada y mi espalda elevada, de forma que estaba casi de cuclillas y podía hacer fuerza empujando con los pies contra la camilla, y probé esa postura y me gustó, me dio la sensación de poder hacer fuerza mejor, así que así me quedé…

Ahora la espera entre contracciones se me hacía eterna, yo solo quería empujar y tener ya a mi niña conmigo… tras unos cuantos pujos Begoña, sonriendo dijo… ¡¡yo veo pelito!! Y ahí ya empecé a llorar… tras otros pocos pujos me dijeron mira, trae la mano, y ¡¡toqué su cabecita!! Me resultó extraño, porque estaba blanda… y en pocos empujones más, salió la cabeza y enseguida vi como Begoña la cogía y me la ofrecía, la cogí, tan resbaladiza, tan mía, y lloré mucho, ya no me acuerdo lo que le decía, “hola” “ya estás aquí” y no sé cuántas cosas más, mientras pensaba en lo surrealista que era todo…

Me la puse encima, piel con piel y enseguida la taparon con toallas calientes y rápidamente la pediatra, que entró justo cuando nacía, la reconoció, miró la placenta, el cordón… todo, y cuando comprobó que todo estaba OK se fue igual que vino, sin un ruido, sin molestar… recuerdo que pregunté por los puntos y me dijo Begoña que solo harían falta 2.

La parte del expulsivo se me hizo un poco larga, y me daba la sensación de que no estaba empujando bien o algo, de que no avanzaba… luego me contaron que venía con la mano en la cara y por eso me costó más, venía al mundo en plan celebrity “fotos no” pero no ha servido de nada, ¡¡tenemos los móviles que echan humo!! Allí nos quedamos los 3 unas dos horitas que se me pasaron volando, Anne Sophie empezó a ayudarnos con la lactancia, primero dejamos a la enana que reptara desde mi tripa hasta el pecho ella sola y buscara pezón, hasta que se cansó una vez llegó y no se enganchó, así que le echamos una manita.

Pasadas las dos horas nos subieron a la habitación a empezar nuestra nueva vida de 3… ¡ya estábamos preparados para la aventura!, ya estábamos todos.

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